El panorama tras la Guerra Civil era desolador. El estadio de Chamartín ya no existía. Sus tribunas habían sido desmanteladas para utilizar la madera y el terreno estaba completamente destruido. La sede social había desaparecido tras un bombardeo e incluso varios trofeos habían sido robados y ni siquiera existía un equipo de fútbol completo. En ese punto, el Rea Madrid hubiera desaparecido de no ser por la inmediata intervención de personas como Don Santiago Bernabéu, ex-jugador, ex-capitán, ex-entrenador, y ex-secretario técnico que aportó al club la fortaleza que en ese momento le faltaba. Entre todos, buscando puerta a puerta a los socios y a los jugadores, consiguieron reunir 300.000 pesetas para adecentar el campo y reabrir la sede social, fichar lo poco que se pudo conseguir y, ante el asombro de propios y extraños, el 22 de octubre de 1939, tras siete meses de infatigable trabajo, el Rea Madrid volvió a jugar al fútbol. Y fue tal el impulso que estos cinco hombres de hierro le dieron al equipo que desde las cenizas consiguieron el subcampeonato Regional, el de Liga y el de Copa.
Pero aquello no era suficiente para un hombre como DON SANTIAGO BERNABÉU soñaba convertir al modesto Real Madrid en el más grande club de la historia, y para ello, tras ser elegido presidente movilizó a los madridistas en la consecución de un sueño fantástico: levantar el mayor estadio de Europa con capacidad para más de 120.000 espectadores. La prensa catalana afirmaba que era "imposible" llenar un campo de 120.000 localidades y se inició un debate nacional en el que algunos periódicos catalanes tildaron a Don Santiago de "loco visionario" y a su proyecto de "quimera impracticable".
La prensa madrileña publico la siguiente noticia :El día 18 de agosto de1994 estaba un capataz arreglando todo el techo del bernabéu. Le cayo todo el techo encima destrozándole todo el cuerpo. El Madrid le hicieron un acto en conmemoración al hombre. A su familia le regalaron unas entradas en el palco presidencial para ver el Madrid vs. Barca además de indemnizarle con un millón de pesetas
Fernández llevaba ya algunas noches del citado mes de Noviembre durmiendo Interior de los vestuarios ya que su casa, situada al lado, estaba siendo reformada. No le importaba a él dormir en una pequeña cama dónde recitaba sus oraciones antes de dormir. Esa noche, y en medio de la oración, sintió una imperiosa necesidad de salir fuera para seguir orando en el. campo
Una ráfaga de frío viento le azotó el rostro, y un torbellino de hojas. Eran las dos de la madrugadaDe repente todo quedó en silencio. El viento cesó, pero él comenzó a escuchar algo que identificó como un lamento, el desolado lamento de hombre de mediana edad. Se quedó inmóvil para poder prestar mejor atención y descubrió que dentro de ese quejido eran pronunciadas unas palabras: ¡“Mamá, Mamá”!
El otro día cuando fui al bernabeu uno de los vigilantes nocturnos me contó
Que llevaba ya algunas noches vigilando en el interior del Bernabeu . No me importaba dormir en un pequeño cuarto dónde leía antes de dormir. Esa noche, sintió una necesidad de salir fuera para fumar en el exterior.
Oí un grito. siguió con valentía hacia el sonido del misterioso lamento y de repente se encontró ante un vestuario de cuyo interior salían los lloros.
El vestuario en cuestión estaba ubicado en la zona de baja del campo pero no pudo de momento conocer quién estaba allí.
Al día siguiente lo primero que hizo fue consultar los anales del Bernabeu. Sorprendido que en aquel vestuario reposaban los restos de el hombre, de 34 años
Desde entonces el fenómeno se ha repetido asiduamente, a distintas horas y con diferentes matices: Gemidos, lloros, o susurros apagados.
Más de una vez ha visto el vigilante José Fernández entrar en el vestuario al hombre a deshoras (horas en las que las gradas estaban cerrado al público). Cuenta que en realidad era una visión difuminada, que pasaba a gran velocidad y cuando él se giraba para poder ver la silueta completamente, ésta desaparecía.
También ha conseguido verlo a los lejos por distintos lugares del campo, ataviado con unas vestimentas blancas estando sus pies por encima del nivel del suelo, como flotando en el aire. El vigilante José está convencido de que el hombre está intentando hacerse ver aunque muy sutilmente.
A partir de esa misteriosa e inolvidable noche los sucesos inexplicables no han dejado de sucederse dentro del estadio. Parece que dentro de sus gradas alguna fuerza desconocida no deja descansar en paz al difunto
Los principales testigos de dichos fenómenos son los vigilantes de seguridad, ya que realizan su trabajo en horas nocturnas y cuando todo está en solitario.
Uno de los mencionados vigilantes optó después de sufrir una gran depresión, por abandonar el trabajo debido a lo ocurrido una noche casi en las puertas del cementerio. El vigilante referido J. R. G., un hombre que nada cree de estos temas, vivió una experiencia que como ya anoté anteriormente describe como la mas aterradora de su vida.
Los vigilantes suelen hacer 3 o 4 rondas por el interior del recinto a lo largo del turno durante la noche. Nuestro testigo llegó aquella noche a su puesto de trabajo, y se dirigió a la cabina de descanso, ubicada en los exteriores, esperando que llegara su turno de la primera vuelta, y mientras tanto, como acostumbraba a hacer casi siempre, llamó a su esposa a casa para saludarla.
Mientras hablaba con su mujer, J. R. G. escuchó de fondo una voz masculina, que articulaba palabras inconexas. Sorprendido y furioso al pensar que su esposa no estaba sola le preguntó que con quién se encontraba, pero ella lo tranquilizó asegurándole y jurándole que estaba sola. Calmado al fin pero mientras seguían hablando, la comunicación se cortó con un sonido de interferencia. Perdió la conexión con su esposa y pasó a ocuparla una voz masculina, muy fuerte y cavernosa, casi metálica, que dijo: !Dentro te espero! De nuevo se escuchó la interferencia y acto seguido la voz de su mujer preguntando qué había ocurrido, ya que se habían dejado de escuchar durante breves segundos.
Esa noche el vigilante no hizo ningún turno de ronda por el recinto. Poco después y tras atravesar malos momentos psicológicos, se despidió de la empresa.
Otros antiguos vigilantes que han pasado largas horas en el recinto, afirman haber oído pasos indefinidos que se aproximaban en la distancia para luego volver a alejarse. Cuentan que una de las noches los murmullos en el aire incapaces de identificar, pero eran tan evidentes que sintieron auténtico pavor. Han pasado miedo, sí, pero ese es su trabajo y tienen que enfrentarse a veces a situaciones tan adversas como estas.
P. D. E. cuenta que una noche al ver a su compañero tan asustado, quiso gastarle una broma y pidió a voz en grito una señal. En ese mismo instante sintió un agudo pitido en el oído que lo dejó sordo por unos minutos. Dicen que desde entonces todo se lo toman totalmente en serio, haciendo su trabajo casi sin hacerse notar.
No son esas las únicas experiencias que han vivido. Algunas noches mientras se encontraban en la sala de descanso escuchaban raros sonidos.
En otras ocasiones, les sucedió lo mismo, pero en este caso realizando rondas internas, pero en ningún momento, ni incluso al despuntar el alba, lograron encontrar ninguna piedra o losa rota en el suelo. Algo que les dio mucho que pensar.
Le dije que era investigador me presentaron a don Santiago. Deje una noche una grabadora en el estadio y al día siguiente la recogí y seguí escuchando gemidos. Pensé que estaba todo solucionado. Pero un día fui a borrar la cinta pero escuche algo que no había escuchado antes escuche que no me metiera en donde no me llamaran pero no hice caso. Al día siguiente se lo enseñe a Santiago y le atemorizo le dije que me dejara ver las cintas de vigilancia y observe un objeto transparente que se movía hacia la grabadora.

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